Una regulación pensada para limpiar el aire terminó abriendo un nuevo debate ambiental. Desde 2020, la Organización Marítima Internacional redujo de forma drástica el azufre en los combustibles marítimos para frenar la lluvia ácida y proteger la salud en zonas costeras. Sin embargo, con el paso del tiempo, científicos detectaron efectos no previstos en ecosistemas marinos, especialmente en los arrecifes de coral.
La disminución de contaminantes mejoró la calidad del aire, pero también cambió la dinámica de la atmósfera sobre los océanos, dejando a los corales más expuestos a la radiación solar.
Cambios en la atmósfera sobre la Gran Barrera de Coral
En el noreste de Australia, la Gran Barrera de Coral ya enfrentaba una situación crítica por el aumento sostenido de la temperatura del mar. A este escenario se sumó un cambio clave: la reducción del azufre eliminó partículas que antes ayudaban a reflejar parte de la radiación solar.
Antes de la regulación, las emisiones del transporte marítimo producían aerosoles de sulfato que actuaban como un escudo parcial frente al sol. Con combustibles más limpios, ese efecto desapareció casi por completo y, en ciertos periodos, más energía solar llegó directamente a la superficie del océano, intensificando el estrés térmico sobre los corales.
Blanqueamiento de corales y el nuevo reto ambiental
El aumento de radiación, aunque leve en términos absolutos, resultó decisivo en un ecosistema ya debilitado. El blanqueamiento de corales ocurre cuando el calor extremo provoca que los corales expulsen las algas que les dan alimento y color. Sin ellas, se vuelven blancos y pierden su principal fuente de energía, lo que eleva el riesgo de mortalidad.
Este impacto no es constante: depende de condiciones como cielos despejados y vientos suaves, que permiten que la radiación adicional incida con mayor fuerza. En contraste, la nubosidad y los vientos intensos ayudan a dispersar el calor.
Volver a combustibles contaminantes no es una opción. Por eso, los científicos plantean soluciones integrales que permitan reducir emisiones sin agravar el calentamiento del océano. La experiencia de la Gran Barrera de Coral deja una lección clara: las políticas ambientales deben pensarse como un sistema, donde cada avance exige nuevas estrategias de adaptación para proteger el planeta.
Con información de Noticias Ambientales.