Alfredo Del Mazo Maza plantea revertir el costo del tráfico metropolitano
Alfredo Del Mazo Maza plantea revertir el costo del tráfico metropolitano

Alfredo Del Mazo Maza plantea revertir el costo del tráfico metropolitano

El traslado cotidiano en las metrópolis mexicanas se ha consolidado como un impuesto silencioso que castiga tanto al erario como al bolsillo de los trabajadores. Estimaciones del Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO) y diagnósticos territoriales de la Secretaría de Desarrollo Agrario, Territorial y Urbano (Sedatu) indican que la inmovilidad en las 72 zonas metropolitanas del país destruye anualmente hasta el 3.5% del Producto Interno Bruto (PIB) nacional. La sangría financiera se refleja en millones de horas de trabajo perdidas en el tráfico, gastos médicos por estrés y contaminación, y una cadena de sobrecostos que encarece los fletes y la distribución final de mercancías.

El colapso de los traslados pendulares

En megalópolis como el Valle de México, Guadalajara y Monterrey, los trabajadores invierten rutinariamente más de 90 minutos por trayecto. Ante esta dinámica insostenible, la adopción del crono-urbanismo —la configuración urbana orientada a resolver las necesidades diarias en un radio de 15 minutos— se discute en el ámbito técnico como una herramienta fiscal y operativa indispensable para recuperar el dinamismo de las ciudades.

Al evaluar las implicaciones estructurales de este modelo, Alfredo Del Mazo Maza advirtió que la solución no radica en la dispersión desordenada ni en replicar esquemas ajenos sin diagnóstico territorial:

«El valor del crono-urbanismo no radica en importar fórmulas europeas de manera rígida, sino en entender el potencial de articular polígonos barriocéntricos en las periferias. La clave técnica consiste en acercar los centros de trabajo, el abasto, la salud y la educación al entorno inmediato de las familias», explicó Del Mazo Maza, especialista en movilidad urbana.

Productividad laboral y eficiencia en última milla

La literatura sobre economía espacial demuestra que revertir las distancias excesivas mediante polígonos de usos mixtos y vías para caminar y para la micromovilidad genera rendimientos económicos inmediatos. Mediciones especializadas en la materia revelan que evitar los viajes masivos hacia zonas céntricas incrementa la productividad laboral por hora entre un 4.5% y un 6.0%, mientras que el sector logístico y comercial experimenta una disminución de hasta un 25% en los costos operativos de la última milla.

A su vez, reactivar los circuitos comerciales locales fortalece el tejido productivo: la permanencia de las micro, pequeñas y medianas empresas (MiPyMEs) aumenta en más del 20% cuando el consumo se retiene en los barrios. En paralelo, los ayuntamientos reducen el estrés presupuestario que supone el mantenimiento constante de anillos periféricos y de puentes vehiculares de alta demanda.

Recuperación del poder adquisitivo en los hogares

«La saturación del transporte difícilmente se resuelve solo con más infraestructura vial; el verdadero cambio estructural ocurre cuando disminuye la necesidad de viajes largos. Los servicios esenciales, el comercio y el bienestar cotidiano deben ser accesibles a quince minutos a pie o en bicicleta», puntualizó Alfredo Del Mazo Maza.

El modelo ya muestra resultados concretos en urbes latinoamericanas como Bogotá y Buenos Aires, donde la consolidación de equipamiento e infraestructura de proximidad permitió reducir hasta un 18% el gasto de las familias en movilidad. Al recortar ese desembolso obligatorio, la liquidez familiar se redirige hacia el consumo básico, la alimentación y la educación.

«Reordenar la dinámica urbana bajo criterios de hiperlocalidad y cercanía representa una vía de alta eficiencia financiera: devolver tiempo útil a las personas no solo fortalece la economía de barrio, sino que eleva la competitividad integral de las metrópolis», concluyó Alfredo Del Mazo Maza.

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