El Niño continúa fortaleciéndose en el Pacífico y podría alcanzar una intensidad muy fuerte hacia finales de 2026. Especialistas del Instituto de Ciencias de la Atmósfera y Cambio Climático (ICAyCC) advirtieron que sus efectos podrían extenderse durante 2027 y provocar condiciones contrastantes en México.
El comportamiento no será igual en todo el territorio. Algunas regiones del norte y occidente podrían registrar lluvias superiores a lo habitual durante otoño e invierno. Sin embargo, posteriormente aumentaría la probabilidad de condiciones secas en zonas del centro, sur y sureste.
Por ello, los investigadores consideran necesario reforzar la vigilancia meteorológica y preparar medidas preventivas. Los posibles impactos abarcan huracanes intensos, sequía, incendios forestales, calor extremo, mala calidad del aire y afectaciones a la producción agrícola.
El Niño puede favorecer huracanes más intensos en el Pacífico
Jorge Zavala Hidalgo, investigador del ICAyCC, señaló que el fenómeno podría incrementar las temperaturas en regiones del norte durante septiembre. Además, el contenido de calor oceánico aumentaría en el Pacífico mexicano entre septiembre y diciembre.
Este escenario elevaría la probabilidad de huracanes de categoría mayor en las costas del Pacífico entre septiembre y noviembre de 2026. Asimismo, la próxima temporada otoño-invierno podría registrar más frentes fríos, con episodios más severos y prolongados.
Para 2027, los especialistas anticipan otros riesgos. Entre enero y marzo podría aumentar la precipitación en el noreste. En contraste, entre abril y junio podrían disminuir las lluvias y desarrollarse condiciones de sequía en amplias regiones del centro, sur y sureste.
Además, el periodo comprendido entre febrero y junio podría registrar mayor actividad de incendios. También aumentaría el número de jornadas con mala calidad del aire.
Ante estos escenarios, Zavala Hidalgo recomendó preparar refugios para episodios de calor extremo. Estos espacios necesitan condiciones frescas, agua y capacidad para atender casos de golpe de calor, especialmente entre población vulnerable.
Agricultura y ciudades también enfrentan mayores riesgos
Los efectos pueden extenderse mucho más allá de las condiciones meteorológicas. Carolina Ureta Sánchez advirtió que las alteraciones en las lluvias pueden convertirse en un problema de seguridad alimentaria, particularmente para productores con menor capacidad de adaptación.
Por ejemplo, planteó desarrollar alertas tempranas dirigidas a productores de maíz de estados como Oaxaca y Guerrero. Información regional oportuna permitiría tomar decisiones sobre las semillas utilizadas y las fechas más adecuadas para sembrar.
Las ciudades representan otro punto vulnerable. Elda Luyando López recordó que alrededor del 80% de la población mexicana habita en espacios urbanos, donde la concentración de concreto y pavimento intensifica el ambiente térmico.
Entre las alternativas planteadas aparecen retirar pavimento innecesario y aumentar superficies capaces de reducir la acumulación de calor. A largo plazo, pintar azoteas de blanco también puede contribuir a disminuir las temperaturas interiores durante episodios extremos.