La diversidad del maíz nativo mexicano enfrenta presiones que van más allá de los monocultivos. Investigadores advierten que las nuevas tecnologías de ingeniería genética promovidas por grandes empresas de semillas también representan un desafío para la conservación de este patrimonio biológico y cultural.
México conserva 64 razas nativas, cuya diversidad ha sido documentada por la Comisión Nacional para el Conocimiento y Uso de la Biodiversidad (Conabio). Durante generaciones, campesinos, pequeños agricultores y pueblos originarios han contribuido a preservar esta riqueza genética mediante sus sistemas tradicionales de cultivo.
Gerardo Torres Salcido, director del Centro de Investigaciones sobre América Latina y el Caribe (CIALC), advirtió que este trabajo comunitario necesita políticas públicas que lo respalden. La acción colectiva resulta fundamental, pero por sí sola no garantiza la protección de las variedades nativas.
Maíz nativo conserva una enorme riqueza biocultural
La importancia de estas variedades no termina en los campos de cultivo. Según datos de Conabio, más de 600 platillos tienen como componente fundamental variedades especializadas para su elaboración.
Por ello, investigadores consideran que mantener la gastronomía tradicional también constituye una forma de resistencia frente a la homogeneización alimentaria. Las semillas, técnicas agrícolas, recetas y conocimientos comunitarios forman parte de un mismo patrimonio.
Sin embargo, la transformación del cereal en una mercancía global favorece modelos productivos que buscan uniformar los cultivos. En consecuencia, las variedades locales pueden perder terreno frente a sistemas que separan la producción de sus relaciones ambientales, sociales y culturales.
Para Torres Salcido, este alimento debe entenderse también como un bien esencial para la reproducción de la vida y la cohesión de numerosas sociedades, particularmente en Mesoamérica.
América Latina busca proteger su diversidad agrícola
Especialistas reunidos en el coloquio “Territorio, maíz y acción colectiva en América Latina” plantearon ampliar el análisis más allá de México. El continente americano concentra una importante producción mundial, mientras América Latina reúne grandes comunidades productoras y consumidoras.
Diana Alejandra Méndez Rojas, investigadora del CIALC, destacó la necesidad de vincular la investigación académica con los actores sociales que conservan estos sistemas agrícolas.
Además, Pedro Urquijo Torres, investigador del Centro de Investigaciones en Geografía Ambiental, señaló que este tema exige enfoques interdisciplinarios. Su estudio involucra dimensiones históricas, geográficas, ambientales, políticas y sociales.
En el encuentro participaron especialistas de la UNAM, la Universidad Autónoma Metropolitana, la Universidad Libre de Bruselas, la Universidad de La Habana y el Instituto Mora, entre otras instituciones.
La conservación de las 64 razas nativas depende así de combinar conocimiento científico, acción comunitaria y políticas públicas. Protegerlas significa preservar diversidad genética, pero también prácticas agrícolas, gastronomía y conocimientos desarrollados durante generaciones.