El agua desaparece de paisajes que durante siglos caracterizaron a Hungría. Lagos, campos y humedales atraviesan una crisis que combina calor extremo, falta de lluvias y decisiones históricas sobre el manejo del territorio.
El lago Velence refleja la gravedad del problema. Su nivel cayó a unos 20 centímetros, muy lejos de los 150 centímetros considerados óptimos para agosto. Varias playas cerraron y hasta las pequeñas embarcaciones enfrentan dificultades para navegar.
Sequía en Hungría expone décadas de drenaje
El cambio climático explica parte de la emergencia, pero no toda. Durante generaciones, Hungría construyó infraestructura destinada a retirar agua de campos y humedales para favorecer diferentes actividades productivas.
Actualmente, el país cuenta con más de 40 mil kilómetros de canales de drenaje. Además, una investigación citada por Independent Español estima que Hungría ha perdido más del 80 por ciento de sus humedales históricos.
La pérdida de estas áreas reduce la capacidad natural del territorio para almacenar agua durante periodos secos. Asimismo, afecta los niveles freáticos, la humedad del suelo y los ecosistemas que dependen de estos ambientes.
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Recuperar el agua se vuelve una prioridad
El gobierno húngaro anunció un cambio hacia políticas centradas en conservar el agua. La estrategia cobra importancia porque alrededor del 99 por ciento del territorio registra condiciones de sequía severa o extrema.
Por otro lado, el Danubio también alcanzó mínimos históricos durante este verano. Su descenso amenaza actividades agrícolas, transporte y generación eléctrica. La central nuclear de Paks depende directamente del río para enfriar sus reactores.
El problema también alcanza el suministro urbano. Entre el 20 y el 25 por ciento del agua potable de Hungría se pierde debido a fugas en tuberías deterioradas. Esas pérdidas representan aproximadamente 54.4 millones de dólares anuales.