Cada año millones de toneladas de ropa cruzan fronteras con la etiqueta de segunda mano, pero una parte importante termina convertida en basura en países del Sur Global. Esa realidad ha abierto un intenso debate internacional que podría cambiar las reglas del comercio mundial de textiles durante la Conferencia de las Partes del Convenio de Basilea (COP18), prevista para 2027 en Panamá.
El centro de la discusión enfrenta dos posturas. Mientras organizaciones ambientales piden controles mucho más estrictos para evitar que residuos textiles sean exportados como si fueran prendas reutilizables, representantes de la economía circular advierten que endurecer las normas podría poner en riesgo miles de empleos vinculados al mercado de la ropa de segunda mano.
El comercio de ropa enfrenta una posible regulación global
El Convenio de Basilea regula desde 1992 el movimiento internacional de residuos peligrosos, pero gran parte de los textiles usados sigue catalogada como residuo no peligroso, lo que permite su transporte con menos restricciones.
Organizaciones ambientalistas buscan modificar esa clasificación, especialmente para prendas fabricadas con fibras sintéticas como poliéster o nailon. También proponen exigir que los países importadores autoricen previamente cada envío y que los exportadores demuestren que las prendas realmente pueden reutilizarse.
Los defensores de esta propuesta sostienen que una gran cantidad de textiles enviados desde países desarrollados nunca llega a venderse y termina acumulándose en vertederos, playas o espacios abiertos de África, Asia y América Latina, agravando los problemas de contaminación.
Empleos y economía circular complican el acuerdo
El sector de la reutilización considera que aplicar controles demasiado estrictos podría afectar una industria que sostiene miles de familias. Estudios citados durante las negociaciones estiman que solo en Ghana, Kenia y Mozambique el comercio de ropa usada genera alrededor de 160 mil empleos, además de importantes ingresos fiscales para varios gobiernos africanos.
Quienes representan a este sector insisten en que la solución no pasa por frenar el comercio, sino por mejorar la clasificación de los textiles para distinguir entre prendas reutilizables, reparables, reciclables y residuos sin valor comercial.
Al mismo tiempo, organismos internacionales también impulsan que las grandes marcas asuman una mayor responsabilidad sobre el destino final de sus productos mediante esquemas de Responsabilidad Ampliada del Productor, obligándolas a financiar parte del reciclaje y la gestión de los residuos textiles.
Las negociaciones continuarán durante los próximos meses y los países tendrán hasta finales de noviembre para presentar nuevas propuestas y evidencias. La decisión definitiva se tomará en la COP18, donde se definirá si el comercio internacional de textiles cambia de manera significativa o mantiene el modelo actual.