España afronta un inicio de verano marcado por una elevada actividad de incendios forestales. Los datos del programa europeo Copernicus muestran que el país concentra casi cuatro de cada diez hectáreas quemadas en la Unión Europea durante el primer semestre de 2026, un escenario que mantiene en alerta a especialistas y servicios de emergencia cuando la temporada de mayor riesgo apenas comienza.
Hasta inicios de julio, el territorio español acumulaba 50 mil 384 hectáreas afectadas por el fuego, equivalentes al 39.8 por ciento de toda la superficie calcinada en la Unión Europea. La situación coincide con una intensa ola de calor y con condiciones ambientales que favorecen la rápida propagación de los incendios en distintas regiones de la península y Baleares.
¿Por qué España concentra tantas hectáreas quemadas?
El Sistema Europeo de Información sobre Incendios Forestales y el programa FIRMS de la NASA permiten seguir focos de calor casi en tiempo real mediante imágenes satelitales. Aunque estas detecciones no representan automáticamente incendios activos, sí ofrecen una referencia para identificar anomalías térmicas que requieren vigilancia y seguimiento.
Durante las últimas semanas se registraron incendios de relevancia en Cataluña, Castellón, Cádiz, Navarra y Huesca, entre otros puntos. Además, Copernicus reportó cerca de 300 incendios en el país durante el primer semestre, mientras la superficie afectada en toda la Unión Europea ya superó las 126 mil hectáreas.
El verano podría incrementar el riesgo de megaincendios
Especialistas advierten que los meses de julio, agosto y septiembre suelen concentrar los incendios más extensos del año. Las altas temperaturas, la baja humedad, el viento y la acumulación de vegetación seca crean condiciones propicias para que el fuego avance con rapidez y alcance grandes dimensiones.
El antecedente de 2025 continúa presente después de una de las campañas más severas de las últimas décadas. Los expertos insisten en que, además de fortalecer las labores de extinción, resulta indispensable impulsar la gestión forestal preventiva, reducir la acumulación de combustible vegetal y promover la participación de las comunidades para disminuir el impacto de futuros incendios en un contexto de fenómenos meteorológicos cada vez más extremos.