Los eucaliptos se han convertido en una pieza clave para la industria forestal en distintas regiones del mundo gracias a su rápido crecimiento. Sin embargo, especialistas advierten que la expansión de estas plantaciones también plantea importantes desafíos ambientales, especialmente en zonas donde las olas de calor y la sequía favorecen incendios forestales de gran magnitud.
Galicia, en el noroeste de España, es uno de los ejemplos más visibles de esta transformación. A lo largo de las últimas décadas, buena parte de sus bosques nativos ha sido reemplazada por plantaciones de eucalipto destinadas a la producción de madera y celulosa. Este fenómeno también se presenta en países como Brasil, Chile, India, Sudáfrica y Estados Unidos.
¿Por qué los eucaliptos preocupan a los especialistas?
Las plantaciones de eucalipto ocupan alrededor de 22 millones de hectáreas en más de 90 países. Investigadores explican que estos árboles contienen aceites altamente inflamables en sus hojas y desprenden fragmentos de corteza que pueden convertirse en brasas, lo que incrementa la intensidad y propagación de los incendios cuando las condiciones climáticas son extremas.
Además, esta especie alcanza la madurez en aproximadamente 15 años, mientras que árboles autóctonos como robles y castaños necesitan varias décadas para desarrollarse. Esa capacidad de recuperación después del fuego facilita que los eucaliptos continúen expandiéndose en zonas afectadas por incendios.
Galicia busca recuperar el equilibrio de sus bosques
El crecimiento de estas plantaciones ha abierto un debate entre autoridades, científicos y comunidades locales. Aunque el sector forestal representa una fuente importante de ingresos para la economía gallega, organizaciones ciudadanas promueven la recuperación de especies nativas mediante labores de reforestación y eliminación de eucaliptos en terrenos comunitarios.
Las autoridades regionales mantienen una moratoria para nuevas plantaciones, mientras expertos insisten en que la prioridad debe centrarse en una gestión forestal más eficiente y diversa. La experiencia de Portugal tras los incendios de 2017 también refuerza la importancia de planificar el uso del suelo para reducir riesgos y fortalecer la resistencia de los ecosistemas frente al cambio climático.