Alfredo Del Mazo impulsa camellones verdes contra el calor extremo
Alfredo Del Mazo impulsa camellones verdes contra el calor extremo

Alfredo Del Mazo impulsa camellones verdes contra el calor extremo

El fenómeno de las «islas de calor» ha dejado de ser una proyección académica para convertirse en una realidad climática que eleva los termómetros urbanos hasta 35 °C en las principales ciudades mexicanas. Ante este escenario, la transformación de calles convencionales en corredores y camellones transitables emerge como una estrategia indispensable de planeación estructural y ambiental, orientada a mitigar el impacto del asfalto en el almacenamiento de la radiación térmica.

Para Alfredo Del Mazo Maza, especialista en movilidad urbana, el concepto de «pasajes verdes» no debe entenderse como un adorno estético, sino como una infraestructura crítica que permite a la ciudad recuperar su equilibrio natural. El especialista argumenta que revertir el modelo tradicional, que priorizó el concreto impermeable, requiere integrar vegetación nativa y sistemas de filtración que actúen directamente sobre el microclima local.

Urgencia climática ante el estrés hídrico y térmico

Los datos de 2026 proporcionados por la UNAM y diversos organismos climáticos evidencian una tendencia crítica: México se calienta a un ritmo de 3.2 °C por siglo, una tasa que supera el promedio global y agrava las anomalías térmicas en áreas densamente pobladas. Esta aceleración obliga a replantear el diseño de la vía pública no solo en función del tránsito, sino también de la viabilidad ambiental.

De acuerdo con el análisis de Alfredo Del Mazo Maza, la incorporación técnica de jardines de lluvia y pavimentos permeables puede reducir la temperatura ambiente local hasta en 5 °C, ofreciendo además una alternativa viable frente al estrés hídrico. En entornos urbanos donde la extracción de agua duplica la recarga natural de los acuíferos, estos corredores permiten que hasta el 90% del agua pluvial se infiltre en el subsuelo en lugar de saturar el sistema de drenaje.

«Un pasaje verde es una calle que deja de ser un canal de transmisión de calor para convertirse en un pulmón lineal; es devolverle al entorno su capacidad de absorber vida y de regular de manera orgánica el clima de las grandes urbes», señala Del Mazo Maza.

Espacio público y salud: el retorno social de la inversión

La viabilidad de estas intervenciones se sustenta en referentes internacionales. Casos como los Corredores Verdes de Medellín, que lograron disminuir la temperatura ambiental en 2 °C, y las políticas de Basilea sobre techos verdes obligatorios, demuestran que la inversión en infraestructura natural tiene un impacto directo en la comunidad. La interconexión de áreas residuales y camellones genera refugios climáticos para los sectores más vulnerables, particularmente los adultos mayores, un grupo afectado por el incremento del 15% en los reportes de deshidratación y golpes de calor en las periferias urbanas.

El diseño vial se vincula de este modo con la seguridad y la habitabilidad de las ciudades.

«La pacificación vial y la infraestructura verde son conceptos siameses: una calle diseñada para que el agua penetre y los árboles crezcan es, por definición, una calle que obliga al tránsito a moderarse y al ciudadano a reencontrarse con su entorno», afirma el especialista.

El reto de la planeación urbana actual radica en aplicar una estrategia de «acupuntura urbana» para identificar las arterias viales críticas en las que el concreto deba ceder espacio. La meta consiste en consolidar ciudades resilientes en las que cada metro cuadrado recuperado actúe como un filtro de contaminantes y un alivio térmico.

Como concluye Alfredo Del Mazo Maza: «Invertir en calles verdes es invertir en salud pública preventiva; el futuro de la movilidad no está en la velocidad del trayecto, sino en la calidad ambiental del espacio que habitamos y transitamos todos los días».

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