La protección de la selva maya entra en una nueva etapa con el arranque de un ambicioso proyecto regional impulsado por los gobiernos de Yucatán, Campeche y Quintana Roo.
La iniciativa busca conservar los ecosistemas y mejorar la calidad de vida de las comunidades locales.
El programa, titulado “Biomas forestales críticos de México”, inició en Campeche y contempla acciones de conservación, restauración ecológica y desarrollo sustentable en toda la Península de Yucatán.
Con una inversión de 11.9 millones de dólares y vigencia hasta 2029, el plan pretende fortalecer la conectividad forestal y promover modelos económicos que respeten el entorno natural.
Protección de la selva maya con impacto social y ambiental
Uno de los principales objetivos es beneficiar directamente a más de 108 mil personas.
Para ello, se plantea la restauración de más de 9 mil 500 hectáreas y el impulso de actividades productivas sostenibles en más de 1.1 millones de hectáreas.
El proyecto es resultado del trabajo conjunto entre los tres estados a través de la Comisión Regional de Cambio Climático.
Además, participan instituciones como Semarnat, Conanp y Conafor, junto con organizaciones como Pronatura y el Global Green Growth Institute.
La implementación estará a cargo de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza, en colaboración con otras entidades especializadas.
Retos de coordinación y visión a futuro
Durante la presentación, autoridades destacaron que uno de los mayores desafíos será lograr una coordinación efectiva entre instituciones. La falta de alineación en programas y reglas de operación ha dificultado esfuerzos anteriores.
Este proyecto retoma antecedentes de 2025, cuando los tres estados ya habían establecido acuerdos para enfrentar el cambio climático, restaurar manglares y proteger prácticas tradicionales como la milpa maya.
En la región, más de 72 mil familias dependen de este sistema agrícola, que combina tradición e innovación.
La apuesta ahora es clara: proteger la selva maya no solo como patrimonio natural, sino como base para un desarrollo sostenible que beneficie a quienes viven en ella.
Con información de La Jornada.