El impacto ambiental delivery es mucho mayor de lo que parece.
Pedir tacos, sushi o hamburguesas desde el celular se ha vuelto parte de la rutina, pero detrás de esa comodidad hay un problema que no siempre vemos: la contaminación.
En México, el servicio a domicilio ha crecido de forma acelerada. De hecho, es el segundo país en América Latina con mayor consumo de comida por delivery, con un gasto estimado de más de 45 mil millones de pesos en 2024. Sin embargo, el verdadero costo no está solo en el precio… está en la basura que generamos.
Impacto ambiental delivery: montañas de plástico
Cada pedido implica envases, bolsas y utensilios desechables. En 2025 se estimaron 300 mil toneladas de residuos plásticos en el país, y apenas el 10% logra reciclarse.
Uno de los materiales más problemáticos es el unicel, ampliamente usado en empaques de comida.
No es biodegradable ni compostable, puede tardar hasta mil años en degradarse y contamina ríos, lagos y océanos. Además, al quemarse libera gases que contribuyen al efecto invernadero.
También hay riesgos para la salud. El estireno, componente del unicel, puede ser cancerígeno al calentarse. A esto se suman los microplásticos, que ya han sido detectados en distintas partes del cuerpo humano.
Más allá de la basura: la contaminación invisible
El problema no termina en los residuos. Cada pedido implica una cadena logística que también contamina. Motocicletas y autos recorren largas distancias, generando emisiones de CO2 que afectan la calidad del aire en las ciudades.
Expertos señalan que si las entregas se concentraran en puntos de recogida, las emisiones podrían reducirse hasta en un 80%. Esto revela que la comodidad del delivery tiene un impacto ambiental mucho más amplio.
Aunque dejar de pedir comida a domicilio no siempre es viable, sí hay alternativas. Elegir negocios con empaques biodegradables, rechazar utensilios innecesarios o cocinar en casa algunas veces a la semana son pequeños cambios que pueden hacer una gran diferencia.
Con información de La Jornada.