El aumento de las temperaturas, los desastres naturales y las noticias constantes sobre el deterioro ambiental no solo impactan al planeta, también a la salud mental. En este contexto, la ecoansiedad se ha convertido en un fenómeno psicológico cada vez más frecuente, especialmente entre niños y jóvenes que miran el futuro con preocupación.
Este término, reconocido por la American Psychological Association (APA), describe el miedo persistente a un desastre ambiental. No se limita a quienes han vivido incendios, inundaciones o sequías, sino también a quienes perciben la crisis climática como una amenaza constante y sin retorno.
¿Qué es la ecoansiedad y cómo se manifiesta?
La ecoansiedad se define como un “miedo crónico a un desastre ambiental”. Según expertos, puede aparecer tanto tras experiencias directas como por la exposición continua a información sobre el cambio climático y sus consecuencias.
Greenpeace advierte que el calentamiento global ya supera los 1,1 °C, un dato que intensifica los fenómenos extremos y alimenta el temor colectivo. Entre los síntomas más comunes se encuentran ansiedad constante, problemas para dormir y dificultades de concentración.
Organismos como UNICEF alertan que estos efectos son más intensos en menores de edad, quienes suelen sentirse desprotegidos ante la falta de respuestas claras por parte de los gobiernos y las instituciones.
Un estudio de la Universidad de Bath y la organización Avaaz, que encuestó a 10 mil jóvenes de entre 16 y 25 años en diez países, reveló que el 60% se siente preocupado por el estado del planeta. Además, el 45% afirma que esta inquietud afecta su vida diaria. Para muchos, el futuro resulta inquietante: el 75% lo describe como “aterrador” y el 83% considera que las generaciones adultas no han cuidado adecuadamente la Tierra.
Factores que agravan la ecoansiedad en jóvenes
La sensación de inacción política es uno de los principales detonantes. Según datos de UNICEF, el 64% de los jóvenes cree que los gobiernos no toman en serio la crisis climática ni hacen lo suficiente para evitar consecuencias graves.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) también advierte que el impacto del cambio climático sobre la salud mental es acumulativo, y puede derivar en depresión, estrés postraumático y procesos de duelo por la pérdida de ecosistemas y especies.
Ante este panorama, especialistas recomiendan fortalecer la resiliencia emocional. Participar en acciones sostenibles, crear redes de apoyo y practicar técnicas de atención plena son algunas estrategias sugeridas por organizaciones internacionales para reducir la sensación de impotencia.
El activismo climático, impulsado en gran medida por jóvenes, se ha convertido en una vía para transformar el miedo en acción. De acuerdo con el Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC), la educación ambiental y el acceso a información confiable ayudan a recuperar el sentido de control y esperanza.
“La ecoansiedad es una señal de compromiso con el futuro”, explica la psicoterapeuta Carolina Hickman, de la Universidad de Bath. Para los especialistas, aprender a imaginar futuros posibles sin ignorar la crisis es clave para cuidar la salud mental y seguir actuando frente al cambio climático.