Ni el bosque se salva: los árboles atrapan más microplásticos del aire que las ciudades
Ni el bosque se salva: los árboles atrapan más microplásticos del aire que las ciudades

Ni el bosque se salva: los árboles atrapan más microplásticos del aire que las ciudades

Un nuevo estudio científico puso en jaque una creencia muy extendida: que la contaminación plástica es un problema casi exclusivo de las ciudades. Investigadores descubrieron que los microplásticos en el aire se depositan con mayor intensidad en zonas rurales arboladas que en algunos entornos urbanos, gracias al papel silencioso que juegan los árboles como “capturadores” de estas partículas invisibles.

El hallazgo se realizó en Wytham Woods, un bosque protegido del condado de Oxfordshire, en Reino Unido, donde se detectaron hasta 500 microplásticos por metro cuadrado al día, casi el doble que en el centro urbano de Oxford.

El estudio fue liderado por la Universidad de Leeds y publicado en la revista Environmental Pollution.

Microplásticos en el aire: el bosque como trampa invisible

Durante tres meses de muestreo, los científicos observaron que hojas, ramas y troncos funcionan como una red natural que intercepta las partículas plásticas suspendidas en la atmósfera. Aunque este proceso ayuda a “limpiar” el aire, también provoca que los microplásticos se concentren en el suelo de ecosistemas que no los producen.

El 99% de las partículas encontradas eran extremadamente pequeñas, imposibles de detectar a simple vista.

Su tamaño les permite viajar grandes distancias impulsadas por el viento y permanecer suspendidas durante largos periodos.

Esto explica por qué incluso áreas verdes y aparentemente limpias reciben una carga importante de contaminación plástica.

El estudio también identificó diferencias según la zona: en el bosque predominó el PET, común en ropa sintética y envases; en áreas suburbanas fue más frecuente el polietileno, típico de bolsas y embalajes; mientras que en la ciudad destacó el alcohol etilvinílico, usado en envases industriales.

Clima, salud y el riesgo que no distingue zonas

Las condiciones meteorológicas influyeron de forma clara en los resultados.

Los días con viento aumentaron notablemente la deposición de microplásticos, mientras que la lluvia redujo la cantidad total, aunque arrastró partículas de mayor tamaño.

Esto confirma que los microplásticos no solo se generan, sino que se mueven y redistribuyen según el clima.

Desde el punto de vista de la salud, el hallazgo es inquietante. La posibilidad de inhalar microplásticos ya no se limita a calles congestionadas o zonas industriales: también afecta a pueblos, áreas agrícolas y espacios naturales.

Respirar aire rural no garantiza una menor exposición.

Además del riesgo humano, la acumulación de estas partículas en suelos forestales podría afectar a microorganismos, insectos y cadenas tróficas completas. Los microplásticos suelen transportar aditivos químicos que, con el tiempo, pueden filtrarse en el suelo y el agua.

El estudio deja una conclusión clara: los bosques no solo capturan carbono, también están atrapando la contaminación plástica que generamos.

Una paradoja ambiental que conecta directamente con nuestros hábitos cotidianos, incluso cuando parecen lejanos de la naturaleza.

Con información de EcoInventos.

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