Si el mundo viviera como Uruguay, el planeta tendría un respiro.
Así lo asegura Mathis Wackernagel, ingeniero suizo y creador del concepto de huella ecológica, quien afirma que la humanidad está consumiendo recursos a un ritmo tan acelerado que estamos operando bajo “una estafa piramidal” ambiental: usamos hoy lo que le pertenece al futuro.
Para Wackernagel, el cambio climático no es el problema principal, sino un síntoma.
El corazón de la crisis está en la sobreexplotación de la naturaleza. Consumimos 1.8 veces más de lo que la Tierra puede regenerar y cada 24 de julio alcanzamos el llamado Día del Sobregiro de la Tierra: la fecha en la que agotamos lo que el planeta puede producir en todo el año.
¿Qué estamos haciendo mal?
La huella ecológica mide cuánta tierra y agua necesita cada persona para sostener su estilo de vida.
La biocapacidad, por su parte, señala cuánto pueden regenerar los ecosistemas.
El problema es matemático: la demanda supera con creces la capacidad de regeneración.
Eso se traduce en menos bosques, más CO₂, acuíferos en descenso y una deuda ecológica creciente.
Wackernagel lo explica así: “La locomotora de la economía necesita comida para moverse.
Cada vez necesitamos más, y estamos gastando los recursos del futuro para mover el presente”.
Y en medio de todo… aparece Uruguay
De más de 80 países estudiados, Uruguay ocupa el primer lugar en sustentabilidad. Si todo el planeta viviera como los uruguayos, el Día del Sobregiro se movería hasta el 17 de diciembre. Es decir, casi cinco meses más tarde que la fecha global actual.
¿Por qué? Por su histórico giro hacia las energías renovables.
Las 3 claves del modelo uruguayo
Uruguay vivió una crisis energética en 2008 que lo obligó a reinventar su sistema eléctrico. Y lo logró con tres movimientos estratégicos:
1. Un acuerdo político a largo plazo
En 2010, todos los partidos firmaron un pacto para impulsar una transición energética sostenida por 25 años. Cinco gobiernos han mantenido la misma ruta.
2. Liderazgo estatal con inversión privada
El país combinó gobernanza pública con fuertes inversiones privadas: parques eólicos, biomasa y energía solar. UTE, la empresa estatal, compra toda la energía generada por privados bajo contratos de 20 años.
3. Reducir los privilegios de los combustibles fósiles
Uruguay revisó reglas y subsidios para dar ventaja competitiva a las energías limpias.
El resultado: 99.1% de la electricidad proviene hoy de fuentes renovables, se redujeron los costos de generación, bajaron las tarifas, se crearon 50.000 empleos y el país incluso exporta electricidad.
Un modelo que el mundo podría copiar
Para Wackernagel, Uruguay demuestra que sí es posible vivir dentro de los límites del planeta sin sacrificar calidad de vida.
Sin embargo, advierte que estamos en una carrera contra reloj: los recursos naturales son ahora el factor limitante del futuro.
La solución —dice— no está solo en grandes acuerdos internacionales, sino en estrategias locales sólidas, como la uruguaya. Y la advertencia final es contundente:
“El futuro será regenerativo… o no será.”
Con información de Yahoo Noticias.
