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Los científicos mexicanos que escuchan los susurros de la vaquita marina para salvarla de la extinción

La vaquita marina (Phocoena sinus), el mamífero marino más amenazado del planeta, sobrevive en silencio en el norte del Golfo de California.

Con menos de diez individuos estimados en 2024, su destino pende de un hilo.

Sin embargo, un grupo de científicos mexicanos, liderados por el biólogo Gustavo Cárdenas, se aferra a la esperanza de que aún puede salvarse.

La lucha por una especie única

La vaquita solo habita en aguas mexicanas y enfrenta su mayor amenaza en las redes de enmalle usadas para pescar totoaba, un pez cuyo buche es vendido en China por hasta 80 mil dólares el kilo.

Estas “cortinas de muerte” en el mar atrapan accidentalmente a las pequeñas vaquitas, que al no poder salir a respirar mueren ahogadas.

Pero no es solo un problema ambiental: detrás de la pesca ilegal está el crimen organizado, con vínculos que llegan hasta redes internacionales en Asia.

A pesar de los retos, los científicos no se rinden.

Con tecnologías de monitoreo acústico como los C-POD y F-POD, logran captar los chasquidos únicos que emiten las vaquitas para comunicarse y orientarse.

Así saben en qué zonas aún habitan y pueden estimar la población.

El trabajo de campo también incluye cruceros de observación apoyados por organizaciones como Sea Shepherd.

Aunque tímidas y difíciles de avistar, las vaquitas han dado señales alentadoras: en los últimos recorridos se han registrado crías sanas.

¿Hay esperanza para la vaquita marina?

Aunque la población es mínima, los estudios genéticos indican que no está condenada.

Si se logra eliminar por completo la pesca con redes de enmalle, la especie tiene probabilidades reales de recuperación.

El gobierno mexicano ha reforzado medidas en el Alto Golfo, como la instalación de bloques de concreto para impedir las redes ilegales y la creación de zonas de tolerancia cero.

Aun así, la batalla requiere cooperación internacional, especialmente para frenar la demanda en China.

“La vaquita nos demuestra cada año que quiere seguir en su hábitat”, dice Cárdenas.

Para él y su equipo, escuchar sus “susurros” bajo el agua es una señal de que todavía hay tiempo.

Su trabajo es un recordatorio de que proteger a esta especie no es solo un desafío científico, sino también una lucha contra redes criminales globales.

Con información de BBC.

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