En el sur de Camerún, las comunidades indígenas baka enfrentan una combinación peligrosa: pobreza, falta de servicios médicos y el impacto del cambio climático en Camerún, que está favoreciendo la expansión de enfermedades tropicales.
En febrero de 2025, un brote de sarna se extendió entre estos pueblos seminómadas que viven en el bosque.
Sin acceso suficiente a atención médica, muchas familias recurrieron a cortezas y hierbas para tratar la infección, una enfermedad parasitaria que provoca picazón intensa, sarpullidos y heridas.
Un año después, los efectos continúan. Algunas familias enteras contrajeron la dolencia, conocida localmente como sassa, reflejo de una problemática que se repite de forma cíclica en estas comunidades.
Cambio climático en Camerún y expansión de enfermedades
Expertos han identificado una relación creciente entre el aumento de temperaturas, las lluvias impredecibles y la proliferación de enfermedades tropicales desatendidas.
Las variaciones del clima alteran la supervivencia y reproducción de vectores como mosquitos, moscas y caracoles de agua dulce, responsables de transmitir dolencias como la oncocercosis, la esquistosomiasis, la filariasis linfática o la lepra. Según la Organización Mundial de la Salud, más de mil millones de personas padecen este tipo de enfermedades en regiones rurales empobrecidas del mundo.
En aldeas del sur camerunés, donde predominan las tradicionales chozas mongulu, los habitantes dependen de la caza, la pesca y la agricultura. Sin embargo, la deforestación, la minería y el calentamiento global están modificando su entorno y elevando los riesgos sanitarios.
Comunidades vulnerables frente a una crisis global
Los baka, pueblo indígena presente en Camerún y países vecinos, viven estrechamente ligados al bosque tropical, lo que los hace especialmente sensibles a los cambios ambientales.
El aumento de humedales, inundaciones y zonas con agua estancada facilita la reproducción de vectores que transmiten enfermedades.
Además, la escasez de alimentos, la pérdida de biodiversidad y la falta de agua potable debilitan la resistencia de la población frente a infecciones.
La situación se agrava por la distancia a hospitales y la falta de medicamentos básicos.
En muchas aldeas, la atención médica solo llega cuando equipos de salud visitan la zona y reparten tratamientos gratuitos.
Mientras tanto, el país enfrenta una crisis climática creciente.
Informes del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente señalan que más del 70% de la población de Camerún sufre los efectos del calentamiento global. Desde 1974, la temperatura ha aumentado cerca de 0,86 °C y, en el peor escenario, podría subir hasta 3,9 °C en las próximas dos décadas.
El resultado es un círculo difícil de romper: el clima cambia, los recursos disminuyen, las enfermedades se expanden y las comunidades más vulnerables pagan el precio más alto.
Con información de El País.