Un antártica verde parece una contradicción, pero durante la mayor parte de su historia fue exactamente eso: un continente lleno de vida, bosques y temperaturas que superaban los 20°C.
Hoy lo vemos como un desierto helado cubierto por kilómetros de hielo, pero bajo esa capa blanca se esconde la memoria de un mundo completamente distinto. Durante el 80% de su existencia, la Antártica fue un ecosistema vibrante, clave en la evolución de la biodiversidad del hemisferio sur.
Antártica verde: un paraíso que no siempre fue hielo
Hace millones de años, este territorio era el corazón de Gondwana, un supercontinente donde la vida fluía entre lo que hoy es Sudamérica, Australia y Nueva Zelanda. Bosques de árboles gigantes dominaban el paisaje, con especies como Glossopteris que alcanzaban más de 20 metros de altura.
El clima era cálido y húmedo. Sin corrientes marinas frías, el océano transportaba calor hacia el continente, permitiendo condiciones templadas incluso en regiones polares.
Con el tiempo, surgieron cambios importantes. En el Jurásico aparecieron nuevas plantas, incluidas las primeras con flores, y también dinosaurios como el Cryolophosaurus. Más adelante, la Antártica se convirtió en un punto clave para la expansión de especies que hoy forman parte de los bosques del sur de Chile.
Vida extrema: pingüinos gigantes y aves del terror
La Antártica verde no solo fue hogar de plantas, también de animales que hoy parecen sacados de otra época. Existieron pingüinos de hasta dos metros de altura y aves depredadoras conocidas como “aves del terror”.
Mamíferos, marsupiales, insectos y peces convivían en este ecosistema diverso. Incluso hubo un puente natural que conectaba el continente con Sudamérica, permitiendo el paso de especies entre ambos territorios.
Pero todo cambió hace unos 35 millones de años, cuando la apertura del Paso Drake creó la Corriente Circumpolar Antártica. Esta barrera fría aisló al continente y provocó su congelamiento progresivo.
Los últimos bosques resistieron hasta hace unos 21 millones de años. Hoy, solo dos especies de plantas sobreviven en ese entorno extremo.
La Antártica no solo cuenta una historia del pasado, también funciona como un espejo del futuro climático del planeta.
Con información de Ladera Sur.