Pechocho y la Bahía de Ohuira
La construcción de una megaplanta de amoniaco en la Bahía de Ohuira, en Topolobampo, Sinaloa, mantiene en alerta a organizaciones ambientalistas por los posibles impactos sobre humedales, manglares y numerosas especies que dependen de este ecosistema.
Entre los animales amenazados se encuentra Pechocho, un delfín nariz de botella (Tursiops truncatus) convertido en un símbolo de la comunidad. El ejemplar vive en una parte de la bahía después de perder a su madre y encontrar en este espacio las condiciones necesarias para sobrevivir.
Su cercanía con habitantes y visitantes lo convirtió en uno de los animales más conocidos de Topolobampo. Sin embargo, el delfín forma parte de un ecosistema mucho más amplio que sirve como zona de alimentación, crianza y refugio para numerosas especies.
Decenas de grupos de delfines nariz de botella utilizan la Bahía de Ohuira para proteger y alimentar a sus crías. También transitan por sus aguas lobos marinos y cuatro especies de tortugas marinas amenazadas: carey, verde del Pacífico, laúd y golfina.
Greenpeace México advierte que la operación de la planta podría modificar las condiciones naturales del agua debido a vertidos químicos y cambios de temperatura y salinidad.
Estas alteraciones representarían un riesgo para especies como el camarón blanco, la corvina golfina, la jaiba azul y los róbalos blanco y dorado, además de caracoles y almejas.
La preocupación se extiende a los manglares que rodean la bahía. Greenpeace señala que Grupo Proman ya removió parte de esta vegetación en el terreno destinado a la planta.
Estos ecosistemas proporcionan refugio y lugares de anidación para aves como la espátula rosada, la garza rojiza, el pelícano pardo y diferentes especies de patos silvestres.
La organización ambientalista también advierte sobre posibles consecuencias relacionadas con la explotación del agua, las actividades de las comunidades pesqueras, los derechos de los pueblos indígenas y los riesgos derivados de la toxicidad del amoniaco.
La oposición al proyecto sostiene que instalar una infraestructura industrial de esta magnitud dentro de un ecosistema de alto valor ambiental amenaza el equilibrio de la Bahía de Ohuira.
Greenpeace considera que proteger este territorio implica conservar tanto el hábitat del conocido delfín como las condiciones necesarias para la supervivencia de cientos de especies que dependen de sus humedales, manglares y aguas.
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