Imagen tomada de @CriterioHidalgo
Roberto Chávez fue asesinado en Michoacán luego de haber denunciado la tala ilegal en su comunidad, un hecho que vuelve a poner sobre la mesa los riesgos que enfrentan quienes defienden el medio ambiente en el país.
El ambientalista, de 60 años, fue encontrado sin vida la noche del domingo 12 de abril en un camino rural cercano al poblado de El Terrenate, en el municipio de Villa Madero. Su cuerpo presentaba impactos de bala en el pecho, de acuerdo con los primeros reportes.
Roberto Chávez formaba parte del Comité de Defensa Ambiental del Sangarro, desde donde participaba activamente en la protección de los recursos naturales de su región.
Su labor lo llevó a denunciar la tala ilegal, una actividad que ha generado conflictos en la zona.
No era la primera vez que enfrentaba peligro. Tanto él como otros defensores ambientales ya habían recibido amenazas de muerte por parte de integrantes del crimen organizado que operan en la comunidad.
Incluso, se tenía previsto que acudiera a la Fiscalía General del Estado (FGE) de Michoacán el martes 14 de abril para presentar una denuncia formal por la situación de riesgo que vivía. Sin embargo, el ataque ocurrió antes.
En el lugar de los hechos, autoridades municipales localizaron tres casquillos percutidos calibre .9 milímetros, los cuales fueron asegurados como parte de la investigación.
El caso de Roberto Chávez no es aislado. En distintos puntos del país, periodistas y ambientalistas continúan siendo víctimas de agresiones.
Un ejemplo reciente ocurrió en Bahía de Banderas, Nayarit, donde el periodista y defensor ambiental Erik Saracho fue atacado a balazos el pasado 11 de marzo.
El activista resultó herido en los brazos tras ser agredido mientras regresaba a su casa.
Organizaciones como la Red Periodística de Puerto Vallarta condenaron el ataque y señalaron la tardía respuesta de las autoridades, además de advertir que este tipo de hechos no deben considerarse incidentes aislados, sino agresiones directas contra la libertad de expresión y la defensa del territorio.
La situación evidencia un contexto complejo: alzar la voz por el medio ambiente en México sigue siendo una actividad de alto riesgo, marcada por amenazas, violencia e impunidad.
Con información de Milenio.
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