Filip es diminuto, peludo y tiene una personalidad enorme. Este chihuahua, con rasgos de papillón, se convirtió en protagonista de una historia de supervivencia que ha dado la vuelta al mundo, luego de ayudar a salvar la vida de su dueño, Jan Gilar, tras un accidente en un glaciar de Suiza.
El pasado verano europeo, Jan cayó por una grieta oculta en el glaciar Fee, en la localidad de Saas Fee, en el cantón de Valais. Sin posibilidad de salir por sus propios medios y con el tiempo en su contra, su única esperanza terminó siendo una pequeña mancha gris sobre la nieve: su perro, que no se movió de su lado.
Un rescate en glaciar que dependió de un perro
Jan y Filip comparten una pasión: la montaña. Acostumbran hacer largas caminatas juntos y, cuando el pequeño se cansa, Jan lo carga en una mochila especial. Ese día, sin embargo, el chihuahua caminaba libremente, algo que terminó marcando la diferencia.
Tras almorzar cerca del glaciar, Jan avanzó unos pasos sobre la nieve sin notar que pisaba un “puente de nieve”, una frágil capa que cubría una grieta. El suelo cedió y cayó cerca de metro y medio, quedando atrapado en un ambiente húmedo, bajo cero y con riesgo de hipotermia.
Mientras Jan intentaba pedir ayuda con su walkie-talkie, Filip se quedó en la superficie.
Según relataron los rescatistas de Air Zermatt, el glaciar es una zona extensa y de difícil rastreo, por lo que ubicar el punto exacto del accidente era casi imposible… hasta que vieron al perro.
Desde el helicóptero, el movimiento del pequeño chihuahua sobre una roca llamó la atención del equipo. Justo a su lado estaba el agujero que conducía a la grieta donde se encontraba Jan.
Filip, lealtad que salvó una vida
El operativo no fue sencillo. El helicóptero buscó durante cerca de 40 minutos antes de detectar al perro. Al aterrizar, Filip fue desplazado por la fuerza de las aspas, pero permaneció atento durante todo el rescate.
Los especialistas instalaron cuerdas, poleas y un arnés para descender de forma segura. Cuando finalmente sacaron a Jan, Filip no dejó de mover la cola al verlo de nuevo fuera de peligro.
Jan, originario de Pilsen, República Checa, llevaba menos de un mes viviendo en Suiza cuando ocurrió el accidente. Reconoce que no es un excursionista novato, pero admite que subestimó el riesgo de caminar sobre un glaciar.
“Sin mi perro, el equipo de rescate no me habría encontrado”, asegura. Hoy, agradecido con los rescatistas y con quienes ayudaron a coordinar el auxilio, Jan concluye que aprendió una dura lección: en la montaña, incluso la experiencia no elimina el peligro… aunque a veces, un amigo de cuatro patas puede marcar la diferencia.
Con información de BBC.