Un nuevo estudio revela una posible y sorprendente conexión: que la actividad del Sol que nos calienta, en especial los ciclos de manchas solares, y el aumento de la temperatura atmosférica, pueden influir en la cantidad de terremotos que tienen lugar aquí en la Tierra.
Una nueva perspectiva en la predicción sísmica, ya que este descubrimiento podría usarse para mejorar las predicciones de terremotos al tener en cuenta también los pronósticos solares.
Nuestro planeta está vivo; es un mundo dinámico con múltiples factores promoviendo cambios en la Tierra, como la tectónica de placas, responsable de los sistemas montañosos así como de la mayor parte de la actividad volcánica y sísmica de nuestro planeta.
Los terremotos se producen como resultado del movimiento constante, aunque sea imperceptible para nosotros. Y, cuando la tensión en la corteza a causa de este desplazamiento continuo es insostenible, se crea una nueva falla o el terreno se desliza generando ondas de energía que conocemos como terremotos. Pero hay muchos posibles desencadenantes de terremotos.
Sin embargo, en el nuevo trabajo publicado en la revista Chaos An Interdisciplinary Journal of Nonlinear Science, los investigadores proponen que los cambios en la irradiación solar (las manchas solares y, por tanto, la actividad del Sol en suma) pueden alterar las propiedades de las rocas y la presión en las placas tectónicas, aumentando la probabilidad de sismos.
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