Ecoturismo comunitario protege la Amazonía ecuatoriana
En la Amazonía ecuatoriana, el ecoturismo se ha convertido en una alternativa económica para comunidades indígenas que buscan conservar la selva sin renunciar al control de su territorio. La experiencia de Kapawi Ecolodge muestra cómo la actividad turística puede combinar ingresos, preservación cultural y protección ambiental.
El proyecto se encuentra en territorio achuar, en la cuenca del río Pastaza, y actualmente está administrado por las comunidades de Kapawi, Suwa y Kusutkau, en colaboración con otras comunidades indígenas vecinas. Su modelo contrasta con actividades extractivas como la explotación petrolera, minera y maderera que ejercen presión sobre la Amazonía.
Kapawi comenzó durante la década de 1990 mediante una alianza con la operadora privada Canodros. Sin embargo, en 2008 la Nacionalidad Achuar del Ecuador asumió su propiedad y convirtió la gestión turística en una actividad dirigida desde las propias comunidades.
Los ingresos obtenidos mediante el proyecto se destinan al desarrollo comunitario, la conservación territorial y la preservación cultural, según el modelo declarado por Kapawi. De esta manera, mantener el bosque en pie adquiere también un valor económico para quienes lo habitan.
La iniciativa recibió en 2025 el Premio al Turismo Sostenible y Social en Iberoamérica. Además, el Adventure Travel Conservation Fund la seleccionó para apoyar uno de sus proyectos de conservación.
El modelo incorpora tecnologías destinadas a disminuir su impacto ambiental. Por ejemplo, utiliza paneles fotovoltaicos y embarcaciones solares en una región donde los desplazamientos dependen principalmente del transporte aéreo y fluvial.
Asimismo, la conservación se apoya en conocimientos y prácticas achuar. En este esquema, la comunidad establece las condiciones de las visitas, los límites de acceso y las normas ambientales y culturales que deben respetar los viajeros.
La propuesta resulta especialmente relevante frente a la deforestación y otras presiones que enfrenta la Amazonía. A diferencia de las actividades basadas en extraer recursos naturales, el turismo comunitario necesita conservar los ecosistemas y las formas de vida que atraen a los visitantes.
Además, los recursos generados pueden fortalecer capacidades relacionadas con movilidad, educación, comunicaciones y gestión territorial. Por ello, el impacto del proyecto no se limita a reducir la huella ambiental de los alojamientos.
Sin embargo, Kapawi también enfrenta dificultades. La dependencia del turismo internacional, los elevados costos logísticos, las consecuencias de la pandemia y la ausencia de políticas públicas estables representan obstáculos para su continuidad.
Su experiencia tampoco significa que el turismo pueda sustituir todas las políticas necesarias para proteger la Amazonía. Las comunidades requieren seguridad territorial, infraestructura, conectividad, financiamiento y reconocimiento de su capacidad para decidir sobre los espacios que habitan.
Kapawi muestra así una alternativa en la que la actividad económica depende directamente de conservar la biodiversidad. Para las comunidades achuar involucradas, proteger la selva no representa únicamente una estrategia ambiental, sino también una forma de sostener su autonomía y generar oportunidades sin destruir el territorio.
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