Cigarra emerge tras años bajo tierra
La cigarra es uno de los insectos más llamativos por su capacidad para permanecer años bajo tierra antes de emerger y llenar bosques y jardines con un canto que puede alcanzar niveles comparables al ruido de un avión en despegue. Además de su peculiar ciclo de vida, algunas especies también destacan por sus llamativos colores y por formar parte de la cultura popular en varios países.
En Australia, la llamada «greengrocer» se ha convertido durante generaciones en un símbolo de la primavera y en un insecto muy buscado por niños y aficionados a la naturaleza.
La mayor parte de la vida de este insecto transcurre como ninfa bajo el suelo. Cuando llega el momento adecuado, emerge para mudar su exoesqueleto, desarrollar alas y comenzar su etapa adulta.
A diferencia de las cigarras periódicas de Norteamérica, que aparecen cada 17 años, la especie australiana conocida como greengrocer suele emerger en grandes grupos aproximadamente cada siete años. Los especialistas esperan que el próximo gran evento ocurra en 2027.
Además, este insecto presenta varias formas de color que reciben nombres populares como Monday amarillo, guerrero rojo, soldado chocolate, diablo enmascarado y la escasa Blue Moon.
Cada especie posee un sonido característico. La greengrocer utiliza órganos especializados llamados timbales, ubicados a ambos lados del cuerpo, mientras su abdomen hueco amplifica las vibraciones.
Los machos emiten llamadas durante distintos momentos del día con el objetivo de atraer pareja. En jornadas especialmente cálidas, el canto comienza desde primeras horas de la mañana y también se intensifica al atardecer.
Los expertos consideran a esta especie una de las más ruidosas entre los invertebrados terrestres. A corta distancia, su canto puede alcanzar alrededor de 120 decibeles, un nivel cercano al umbral del dolor para el oído humano.
Curiosamente, cuando una persona se aproxima demasiado, muchas cigarras dejan de cantar de inmediato. Después de reproducirse, los insectos dejan adheridos sus exoesqueletos en árboles, cercas y otras superficies, un rastro que durante décadas despertó la curiosidad de generaciones de niños interesados en la naturaleza.
El estudio de estas especies también ayuda a comprender la biodiversidad y la evolución de los insectos, además de mostrar cómo los ciclos naturales continúan marcando el ritmo de numerosos ecosistemas.
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