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Chernóbil, 40 años después: los lobos que desafían la radiación y sorprenden a la ciencia

Han pasado casi cuatro décadas desde el accidente nuclear de 1986, pero Chernóbil sigue siendo escenario de descubrimientos inesperados. Esta vez, los protagonistas son los lobos grises que habitan la zona de exclusión, animales que llevan años respirando y alimentándose en un entorno radiactivo… y que, lejos de desaparecer, mantienen poblaciones densas, incluso mayores que en algunas reservas naturales cercanas.

¿Cómo es posible que prosperen en un lugar asociado al riesgo de cáncer y contaminación?

Un equipo liderado por la bióloga Cara N. Love y el investigador Shane Campbell-Staton, de la Universidad de Princeton, lleva años intentando responder esa pregunta. Para ello, han colocado a los lobos collares especiales con GPS y dosímetros, dispositivos que permiten medir la radiación acumulada en su vida diaria.

Sus observaciones, compartidas en entrevistas y presentaciones científicas, apuntan a que algunos de estos animales podrían estar mostrando señales biológicas de mayor tolerancia al daño provocado por la radiación. En particular, se han identificado posibles cambios en vías relacionadas con la respuesta inmune frente a tumores. No significa que no exista riesgo, sino que podrían estar adaptándose mejor de lo esperado en condiciones extremas.

Chernóbil como laboratorio natural

Desde el 26 de abril de 1986, la zona de exclusión se ha convertido en un laboratorio involuntario para estudiar cómo responde la vida salvaje al estrés crónico por radiación. Antes de los lobos, ya se habían documentado cambios en otras especies.

Un ejemplo es la rana arborícola oriental (Hyla orientalis), en la que se ha analizado la relación entre radiación y melanismo, es decir, una piel más oscura que podría actuar como mecanismo de protección. También se han estudiado perros que viven en los alrededores de la central. Un trabajo publicado en Science examinó a 302 ejemplares y detectó poblaciones genéticamente diferenciadas según su cercanía a la planta, aunque investigaciones posteriores advierten que no todo puede atribuirse directamente a mutaciones por radiación, ya que factores como el aislamiento también influyen.

Los lobos de Chernóbil bajo la lupa científica

En el caso de los lobos de Chernóbil, el interés es especial por dos razones: son depredadores ápice —lo que significa que reciben radiación también a través de la cadena alimentaria— y recorren grandes distancias, por lo que su exposición varía según el territorio y la temporada.

Con ayuda de los collares, los investigadores comparan perfiles de células inmunitarias y señales de estrés entre los lobos de la zona de exclusión y otras poblaciones de referencia. Buscan una posible “firma biológica” asociada a la exposición prolongada.

Eso sí, conviene mantener la cautela. Los hallazgos se han difundido principalmente en entrevistas y congresos científicos, por lo que aún no constituyen evidencia definitiva capaz de reescribir los libros de biología. La historia está en desarrollo.

Lo que sí despierta interés es el potencial impacto de estos estudios. Si se confirma que ciertos lobos mantienen su funcionalidad pese a la exposición sostenida, entender qué mecanismos biológicos están implicados podría aportar información útil para la investigación del cáncer y la respuesta al daño por radiación. Pero no se trata de un “antídoto natural” ni de una solución directa para humanos: aún quedan años de análisis para separar el papel de la genética, el ambiente, la dieta o incluso la ausencia de presión humana.

Porque fuera de la zona de exclusión, el principal desafío para los lobos no es la radiación, sino nuestra propia presencia. Desde debates en la Unión Europea sobre su estatus hasta casos de ejemplares abatidos en distintas regiones, la relación entre humanos y lobos sigue siendo un factor clave.

En el fondo, Chernóbil no solo plantea preguntas sobre la radiación, sino sobre la sorprendente capacidad de adaptación de la vida… y sobre el papel que jugamos en ella.

Con información de Econoticias.
Regina Yebra Domínguez

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