Puentes para animales protegen la fauna de la Amazonía
Las carreteras pueden conectar ciudades, pero también dividir ecosistemas completos. En la Amazonía brasileña, una solución sencilla está demostrando que infraestructura y conservación pueden avanzar juntas. Puentes colgantes instalados sobre vías de Alta Floresta permiten que monos y otros animales arbóreos crucen sin bajar al asfalto.
El Proyecto Reconecta instaló ocho estructuras para unir fragmentos de bosque separados por carreteras. Cámaras trampa monitorearon los pasos durante 15 meses y registraron alrededor de 15 mil cruces seguros. En los puntos vigilados no se reportaron atropellos durante ese periodo.
Las estructuras funcionan como extensiones artificiales del dosel. Su diseño permite el desplazamiento de especies con diferentes formas de locomoción, desde primates que utilizan sus brazos hasta animales que simplemente caminan sobre las cuerdas entrelazadas.
Entre los usuarios registrados aparecen monos araña, monos capuchinos, monos nocturnos y el tití de Schneider. También se documentó al mono tití de Alta Floresta, una especie considerada en peligro crítico de extinción.
Además de prevenir accidentes, mantener conectados los fragmentos de bosque facilita que los animales busquen alimento, encuentren pareja y participen en procesos como la dispersión de semillas. La fragmentación puede aislar poblaciones y reducir sus oportunidades de supervivencia.
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El proyecto continúa creciendo. En agosto se instalaron ocho puentes adicionales en la zona urbana de Alta Floresta. Además, Reconecta prepara nuevas estructuras en otras regiones brasileñas y contempla extender su experiencia hasta Surinam.
Brasil también comenzó a incorporar este conocimiento a su infraestructura. El Departamento Nacional de Infraestructura de Transportes definió el diseño desarrollado por Reconecta como modelo recomendado para este tipo de pasos de fauna en carreteras nacionales.
El comportamiento de los animales demuestra que la adaptación requiere tiempo. En Alta Floresta, el mono capuchino tardó siete meses en utilizar uno de los puentes. Este detalle refuerza la importancia del monitoreo permanente para evaluar qué soluciones realmente funcionan en cada ecosistema.
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