Ambiente

Playas contra el cemento: municipios que dejan actuar a la naturaleza para frenar la erosión

El avance del mar y los temporales están obligando a muchas ciudades costeras a replantear cómo proteger sus playas de la erosión.

Frente a soluciones tradicionales como dragados o aportes de arena, algunos municipios han comenzado a escuchar a la ciencia y apostar por medidas que permitan a la naturaleza recuperar su espacio.

En zonas como Matalascañas, el mar sigue ganando terreno pese a los intentos de frenar la erosión costera con maquinaria y toneladas de arena. Situaciones similares se repiten en distintos puntos del litoral español, donde la urbanización cercana al mar ha aumentado la vulnerabilidad.

Según estudios sobre el impacto del cambio climático, miles de kilómetros de costa están expuestos al aumento del nivel del mar, la intensificación de tormentas y la pérdida de superficie terrestre. Investigadores como Íñigo Losada, de la Universidad de Cantabria, advierten que el nivel del mar seguirá subiendo y que la adaptación será inevitable.

Erosión costera: cuando la solución es devolver espacio al mar

Algunos municipios han optado por intervenciones más profundas que van más allá de añadir arena.

En Calafell, por ejemplo, se han demolido partes del paseo marítimo, retirado estructuras duras y plantado vegetación autóctona capaz de fijar la arena.

Los resultados han sido visibles: las playas han recuperado amplitud y su capacidad de protección natural.

Datos de la Universidad de Girona muestran que la degradación de dunas ha afectado a la mayoría de las playas catalanas en las últimas décadas, principalmente por la urbanización en primera línea de mar.

Otros municipios han seguido una estrategia similar.

En Elche se demolió un antiguo hotel abandonado en las dunas para recuperar miles de metros cuadrados de ecosistema costero.

En la cercana Santa Pola se están sustituyendo superficies artificiales por zonas verdes y pasarelas sostenibles.

Renaturalizar playas para resistir al cambio climático

La tendencia también se extiende al norte y al sureste del país. En Vigo se ha desplazado el paseo marítimo hacia el interior para recuperar dunas y ampliar el arenal, mientras que en San Javier se restaurarán hábitats dunares y se plantarán especies autóctonas para frenar la erosión y proteger la biodiversidad.

Estas actuaciones cuentan con el respaldo del MITECO, que busca conservar los valores naturales de zonas especialmente presionadas por el urbanismo.

Para expertos como Agustín Sánchez Arcilla, el mensaje es claro: intentar dominar la naturaleza suele ser una batalla perdida. En cambio, permitir que los ecosistemas costeros funcionen de forma natural puede ser la defensa más eficaz frente al mar.

En un contexto de cambio climático y costas cada vez más frágiles, algunas playas ya están demostrando que menos hormigón puede significar más protección.

Con información de Climática.

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