imagen tomada de fundacionaquae.org
Durante mucho tiempo se ha repetido una idea casi incuestionable: más árboles significan ciudades más frescas y menos calor urbano.
Sin embargo, una investigación reciente realizada en India advierte que esta fórmula no siempre funciona, especialmente en ciudades secas y muy calurosas.
En algunos casos, plantar árboles sin una estrategia clara puede incluso intensificar el calor urbano.
La ciudad de Chennai es un ejemplo claro. Con veranos que superan los 44 grados y más de 4.5 millones de habitantes, esta metrópoli enfrenta un crecimiento acelerado, poca sombra constante y un acceso limitado a áreas verdes para gran parte de su población. Aunque cuenta con avenidas arboladas y el parque nacional de Guindy, los espacios verdes útiles y bien distribuidos siguen siendo insuficientes.
El estudio señala que los bosques urbanos solo ayudan a enfriar las ciudades cuando se diseñan considerando el clima, la ecología y las necesidades sociales. En lugares con escasez de agua, ciertos árboles pueden dificultar la liberación del calor durante la noche, agravando el efecto de isla de calor urbano.
En Chennai existen alrededor de 67 km² de cobertura vegetal, concentrados principalmente en zonas formales.
En la periferia hay al menos 23 km² con potencial para nuevos espacios verdes, una situación similar a la de otras ciudades indias como Coimbatore o Tiruchirapalli.
El problema no es solo la falta de árboles, sino la ausencia de una planificación ecológica adecuada.
Además, no todas las especies aportan los mismos beneficios.
Investigaciones en Bengaluru muestran que los árboles no nativos contribuyen poco a la biodiversidad, mientras que ecosistemas como pastizales, humedales y marismas (frecuentemente considerados terrenos sin valor) son clave para absorber agua, reducir inundaciones y albergar fauna.
Otro punto crítico es el impacto social. En muchas regiones de India existen tierras comunales usadas para pastoreo o recolección de leña. Proyectos de forestación mal planeados pueden desplazar a comunidades vulnerables y quitarles recursos básicos.
El mensaje es claro: más verde no debe significar más desigualdad.
Desde hace décadas, expertos en urbanismo proponen “diseñar con la naturaleza”, analizando suelos, drenajes y ecosistemas antes de intervenir. Hoy, tecnologías como los sistemas de información geográfica permiten planificar mejor, conectando áreas verdes, creando corredores ecológicos y eligiendo especies nativas adaptadas al clima local.
De cara a 2030, cuando una gran parte de la demanda eléctrica en India estará ligada al uso de aire acondicionado, los bosques urbanos bien diseñados pueden marcar una diferencia real. Pero el estudio deja una advertencia contundente: el éxito no se mide por cuántos árboles se plantan, sino por la inteligencia ecológica detrás de cada decisión.
Con información de EcoInventos.
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