Minería bajo el mar: la evidencia científica que empieza a encender las alarmas
Minería bajo el mar: la evidencia científica que empieza a encender las alarmas

Minería bajo el mar: la evidencia científica que empieza a encender las alarmas

La minería bajo el mar lleva años presentándose como una posible respuesta a la creciente demanda de metales clave para la transición energética.

Elementos como el níquel, el cobalto o el manganeso, fundamentales para baterías y tecnologías renovables, se concentran en nódulos polimetálicos ubicados a miles de metros de profundidad, en zonas del océano todavía poco exploradas.

Sin embargo, el verdadero costo ambiental de esta actividad comienza a quedar más claro.

Nuevas investigaciones científicas han logrado medir, con datos concretos, cómo reaccionan los ecosistemas del fondo marino tras el paso de maquinaria pesada, generando preocupación entre especialistas.

Minería bajo el mar: así se midió su impacto real

Un experimento a gran escala permitió observar por primera vez los efectos inmediatos de la minería bajo el mar sobre la biodiversidad.

El estudio, publicado en Nature Ecology & Evolution, analizó un ensayo con maquinaria extractiva que provocó una reducción cercana al 32% en la diversidad de especies en las zonas directamente afectadas.

La investigación se realizó en la Zona Clarion-Clipperton, ubicada entre México y Hawái, una región clave para este tipo de pruebas.

Durante cinco años, los equipos científicos pasaron 160 días en altamar recolectando muestras antes y después del paso del colector por el fondo oceánico. En ese tiempo se extrajeron alrededor de 3.300 toneladas de nódulos polimetálicos desde una profundidad de unos 4.300 metros.

El estudio fue liderado por el doctor Adrian Glover, del Museo de Historia Natural de Londres, y utilizó el método Before-After-Control-Impact, que compara áreas intervenidas con zonas de control para distinguir los efectos reales de la minería de los cambios naturales del ecosistema.

Cambios en la biodiversidad y un ecosistema frágil

La zona analizada corresponde a una llanura abisal, donde la vida depende en gran medida de restos orgánicos que caen desde capas superiores del océano. Incluso sin minería, los científicos detectaron variaciones naturales en las comunidades biológicas, relacionadas con cambios en la productividad marina.

En laboratorio se clasificaron más de 4.300 animales de más de 0.25 milímetros, pertenecientes a 788 especies distintas.

Predominaron gusanos marinos, crustáceos y moluscos, mostrando que incluso pequeñas muestras de sedimento pueden albergar una enorme diversidad.

Entre los hallazgos destacó una especie de coral solitario desconocida hasta ahora, Deltocyathus zoemetallicus, adherida a los nódulos, además de diminutas arañas marinas y otros organismos raramente observados.

La distribución irregular de muchas especies evidenció que la biodiversidad cambia notablemente incluso entre zonas cercanas.

Las huellas dejadas por la maquinaria mostraron comunidades más desiguales y alteraciones en la dominancia de especies. Aunque en algunas áreas el número total parecía similar, la composición cambió de forma evidente. En las zonas alcanzadas por la nube de sedimentos no se observó una caída clara en la densidad, pero sí en qué especies pasaron a dominar.

Para superar la dificultad de identificar organismos aún sin nombre científico, los investigadores recurrieron al análisis de ADN. Gracias a ello estimaron que el área podría albergar entre 1,148 y 1,391 especies de macrofauna, muchas todavía sin clasificar.

La regulación de la minería bajo el mar recae, en aguas internacionales, en la Autoridad Internacional de los Fondos Marinos, dependiente de la ONU, que exige estudios de impacto ambiental antes de cualquier explotación. Aun así, la comunidad científica advierte que estos ecosistemas se regeneran con extrema lentitud: los nódulos crecen apenas milímetros en millones de años y su extracción elimina hábitats completos.

Ensayos previos ya habían demostrado que las huellas de esta actividad pueden persistir durante décadas. Algunas especies regresan, otras no, dejando abierta una pregunta clave: ¿vale la pena el beneficio económico frente a un daño que podría ser irreversible?

Con información de Ok diario.

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