La isla Floreana, en el archipiélago de Galápagos, es hoy el escenario de uno de los proyectos de restauración ecológica más ambiciosos del mundo. Científicos y conservacionistas trabajan para reparar décadas de daño ambiental y devolverle a la isla el equilibrio natural que alguna vez tuvo.
Con apenas 173 kilómetros cuadrados y una población cercana a los 150 habitantes, Floreana fue uno de los primeros puntos habitados por humanos en la región.
Esa presencia, sin embargo, dejó una huella profunda en su entorno natural.
Biodiversidad de Floreana de isla Galápagos: una recuperación a gran escala
La llegada de piratas, balleneros y colonos introdujo especies invasoras como ratas, gatos, cabras y ganado, que alteraron por completo el ecosistema. Muchas especies nativas desaparecieron y otras, como el Pequeño Pájaro Brujo (un ave de plumaje rojo intenso), se volvieron extremadamente raras.
Para revertir esta situación, la Fundación Charles Darwin y la Dirección del Parque Nacional Galápagos pusieron en marcha un proyecto de 15 millones de dólares. El objetivo es claro: eliminar animales invasores, restaurar la vegetación original y crear las condiciones para reintroducir especies que se extinguieron localmente.
El director de la fundación describió la iniciativa como un “proyecto de restauración en esteroides”, una frase que refleja la magnitud y complejidad del trabajo.
No solo se trata de una isla grande, sino también habitada, lo que exige cuidados especiales en cada intervención.
Ciencia, paciencia y nuevos desafíos
Durante más de una década, los especialistas planearon la erradicación de ratas y gatos mediante cebos lanzados desde helicópteros, siempre protegiendo a las personas y a sus animales domésticos. También instalaron viveros para reforestar con scalesia, un árbol clave para la fauna local, y combatieron la zarzamora, una planta invasora que ahoga a las especies nativas.
Uno de los mayores retos ha sido la mosca vampiro, cuyas larvas atacan a los polluelos del Pequeño Pájaro Brujo.
Estudios citados por la revista Science señalan que los nidos infestados pueden registrar hasta 100% de mortalidad.
Para enfrentarlo, se colocaron estaciones de auto-fumigación en los nidos y se estudian soluciones adicionales, como el uso de avispas que ataquen a las larvas, siempre con extrema precaución.
Los avances ya son visibles. En 2024 se trasladaron 19 tortugas de Floreana a un corral protegido, una especie que se creía extinta en la isla desde el siglo XIX.
Además, la temporada reproductiva de 2025 dejó cifras históricas: nacieron 39 crías de 10 parejas.
Aun así, el proyecto no está libre de obstáculos. Hormigas rojas invasoras consumieron parte del veneno destinado a las ratas, lo que obligó a ajustar estrategias.
Por ello, los expertos insisten en la importancia del monitoreo constante y la mejora continua de las técnicas.
La experiencia de Floreana no solo busca salvar una isla. Las lecciones aprendidas podrían transformar la gestión de la conservación en otras islas de Galápagos y en ecosistemas insulares de todo el mundo.
Con información de Infobae.