imagen tomada de ballenaswiki.com
Mientras la mayoría de los mamíferos envejece, la ballena boreal parece tener un pacto con el tiempo.
Algunos ejemplares pueden vivir más de dos siglos, y ahora la ciencia por fin sabe por qué: su cuerpo es un experto reparador de ADN.
Un equipo internacional de más de 50 investigadores, liderado por Vera Gorbunova de la Universidad de Rochester, publicó en la revista Nature el hallazgo que explica este fenómeno.
A diferencia de otros animales, la ballena boreal no destruye las células dañadas, sino que las repara de forma eficiente, evitando así enfermedades relacionadas con la edad.
El secreto está en una proteína llamada CIRBP, presente en niveles mucho más altos que en otros mamíferos.
Esta molécula ayuda a corregir roturas en el ADN, funcionando como un “taller de mantenimiento genético”.
Cuando los científicos introdujeron CIRBP en células humanas, estas también mejoraron su capacidad de reparación.
“Las células humanas pueden recuperar su capacidad reparadora cuando se introduce CIRBP”, explicó Gorbunova.
El estudio también reveló que el frío juega un papel importante.
En las gélidas aguas del Ártico, la producción de CIRBP aumenta cuando baja la temperatura, lo que sugiere que el entorno helado ayuda a proteger el ADN del animal.
El biólogo Andrei Seluanov comentó que incluso al probar con moscas de la fruta, la introducción de CIRBP prolongó su vida.
Esto refuerza la idea de que la proteína no solo repara, sino que también retrasa el envejecimiento.
Además, las células de la ballena boreal acumulan muchas menos mutaciones que las humanas, lo que las protege del cáncer.
Este descubrimiento aporta nuevas respuestas a la paradoja de Peto, que plantea por qué los animales más grandes no sufren más enfermedades pese a tener más células.
El investigador Jan Vijg, de la Facultad de Medicina Albert Einstein, resumió el hallazgo así:
“Las ballenas boreales corrigen el daño genético sin necesidad de eliminar células funcionales”.
La longevidad de estas ballenas ya era conocida: hay registros de ejemplares que superan los 211 años, confirmados por análisis del cristalino ocular e incluso restos de antiguos arpones victorianos.
Los pueblos inuit ya lo sabían desde hace siglos: “Viven dos vidas humanas”.
Más allá de la admiración, este descubrimiento abre la puerta a algo aún más emocionante: entender cómo aplicar ese conocimiento a la medicina humana.
Si logramos imitar el sistema reparador de la ballena boreal, podríamos algún día ralentizar el envejecimiento y prevenir enfermedades.
Así, este gigante del Ártico deja de ser solo una maravilla natural para convertirse en una fuente de inspiración biológica.
Su ADN, capaz de resistir el tiempo y el frío, podría contener las claves para extender la vida humana.
Con información de Infobae.
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