El calor extremo ya no es un problema lejano ni exclusivo de los trópicos. Científicos de la Universidad de Oxford alertan que, de aquí a 2050, alrededor de 3.800 millones de personas podrían estar expuestas a olas de calor extremo, un fenómeno que avanza más rápido de lo previsto y que obliga a repensar cómo vivimos, construimos y nos protegemos del clima.
Aunque los países del cinturón tropical enfrentarán los impactos más severos, el estudio señala que regiones históricamente frías también deberán adaptarse a temperaturas inéditas.
Olas de calor extremo: una amenaza que crece más rápido de lo esperado
La investigación, publicada en Nature Sustainability y citada por AFP, indica que el mundo está cada vez más cerca de alcanzar un aumento de 1,5 °C respecto a los niveles preindustriales, un punto crítico que podría alcanzarse antes de lo que muchos imaginan.
Jesús Lizana, autor principal del estudio, advierte que esta década será clave. Según explica, la exposición prolongada a altas temperaturas puede superar la capacidad natural del cuerpo para regularse, provocando desde mareos y dolores de cabeza hasta fallas orgánicas e incluso la muerte.
Bajo un escenario de aumento global de 2 °C, la cantidad de personas expuestas a calor extremo casi se duplicaría, alcanzando unos 3.790 millones de individuos para mediados de siglo.
Países vulnerables… y otros que creían estar a salvo
Brasil, Indonesia y Nigeria figuran entre los países más afectados, junto con India, Filipinas y Bangladesh, donde millones de personas enfrentarán riesgos graves para su salud y calidad de vida. En muchas de estas regiones, la falta de acceso a aire acondicionado o sistemas de enfriamiento agrava el problema.
Radhika Khosla, coautora del estudio, subraya que las comunidades más desfavorecidas cargarán con el mayor peso de esta crisis. Países como la República Centroafricana, Sudán del Sur o varias naciones del África ecuatorial verán un aumento significativo de días con temperaturas peligrosas, lo que presionará aún más a sistemas de salud ya frágiles.
Pero el riesgo no termina ahí. Naciones acostumbradas al frío, como Canadá, Rusia o Finlandia, también enfrentarán desafíos importantes. Aunque podrían ahorrar temporalmente en calefacción, los científicos advierten que el costo del enfriamiento superará esos beneficios en el mediano plazo.
El estudio concluye con una advertencia clara: la adaptación al calor extremo es más urgente de lo que se pensaba. Sin infraestructura adecuada, tecnologías de enfriamiento sostenible y políticas públicas efectivas, el calor podría convertirse en uno de los mayores riesgos sanitarios del futuro, un “asesino silencioso” que avanza sin hacer ruido, pero con consecuencias devastadoras.