imagen tomada de zoologik.naukas.com
Depredadores marinos como el tiburón blanco o el atún rojo atlántico enfrentan un desafío cada vez más complejo: sobrevivir en un océano que cambia más rápido de lo que pueden adaptarse.
Un estudio internacional liderado por el Trinity College Dublin revela que estas especies, conocidas por su “sangre caliente relativa”, están atrapadas en un “doble riesgo” provocado por el calentamiento global.
La combinación es delicada: necesitan más energía para sobrevivir, pero cada vez tienen más dificultades para conseguir alimento.
A diferencia de la mayoría de los peces, estos animales pueden mantener partes de su cuerpo a temperaturas más altas que el agua. Esta capacidad, llamada mesotermia, les permite nadar más rápido, recorrer largas distancias y cazar con mayor eficacia.
Pero esta ventaja tiene un costo alto: consumen hasta 3.8 veces más energía que otros peces de tamaño similar. Y con el aumento de la temperatura del océano, ese gasto energético crece aún más.
El problema se intensifica en animales grandes. Generan más calor y tienen menos capacidad para disiparlo. Esto crea un “umbral térmico”: por ejemplo, algunos tiburones comienzan a tener dificultades en aguas que superan los 17 °C.
Cuando eso ocurre, deben cambiar su comportamiento: nadar más lento, descender a aguas más frías o modificar su circulación.
El segundo problema es igual de crítico. El calentamiento del océano está alterando la distribución de las presas. Muchas especies migran hacia zonas más frías o disminuyen en número.
Esto deja a los depredadores marinos en una situación complicada: necesitan más alimento justo cuando hay menos disponible.
Como resultado, estas especies están cambiando sus rutas, desplazándose hacia aguas más profundas o latitudes más altas. Sin embargo, este espacio viable es cada vez más reducido, especialmente en temporadas cálidas.
Este fenómeno no solo afecta a los animales, sino a todo el equilibrio de los ecosistemas marinos.
El estudio también recuerda un precedente: el megalodón, uno de los mayores depredadores de la historia, pudo haber sido vulnerable a cambios similares.
Hoy, lo que antes era una ventaja evolutiva podría convertirse en una debilidad en un planeta que no deja de calentarse.
Con información de MUNDIARIO.
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