imagen tomada de informacion.es
Las auroras boreales y australes llevan siglos maravillando a la humanidad.
Sus luces verdes, rojas, azules o moradas parecen bailar en silencio sobre el cielo nocturno, creando uno de los fenómenos naturales más impresionantes del planeta. Y si últimamente te parece que aparecen más seguido… no estás imaginando cosas.
En los últimos años, las auroras han sido visibles incluso en regiones donde rara vez aparecen. Esto ocurrió, por ejemplo, el pasado 12 de noviembre en varios puntos del hemisferio norte.
¿La razón? Las eyecciones de masa coronal (CME), enormes nubes de partículas cargadas provenientes del Sol que chocan con la atmósfera terrestre.
Y esto es solo el comienzo. El Sol está atravesando su máximo solar, la fase más intensa de su ciclo de 11 años, lo que provocará más tormentas solares… y más auroras a la vista.
Aunque Galileo Galilei creyó que eran reflejos del amanecer, hoy sabemos que las auroras ocurren cuando el viento solar —corrientes de partículas cargadas— impacta el campo magnético de la Tierra.
Estas partículas viajan hacia los polos y chocan con gases en la ionosfera, principalmente oxígeno y nitrógeno, liberando energía en forma de fotones… es decir, luz.
Los colores dependen del gas y la altura donde ocurre la interacción:
Rojo: oxígeno a gran altitud (240 km o más).
Verde: oxígeno a altitudes medias (100–240 km). Es el color más común.
Violeta o azul: nitrógeno a menos de 100 km de altura.
Cada tono nos cuenta una historia distinta sobre lo que pasa sobre nuestras cabezas.
Las auroras se observan mejor en la llamada “zona auroral”, entre los 60° y 75° de latitud. Algunos de los puntos más recomendados son:
Hemisferio norte: Anchorage y Fairbanks (Alaska), Yellowknife (Canadá), Tromsø (Noruega), Laponia (Suecia y Finlandia).
Hemisferio sur: Antártida, sur de Nueva Zelanda y Tasmania.
Para disfrutarlas al máximo, es clave un cielo oscuro, despejado y lejos de la contaminación lumínica.
Una pista útil: cuenta 27 días desde la última aurora intensa. Ese es el tiempo que tarda el Sol en rotar y mostrar de nuevo las manchas solares responsables del fenómeno.
Los años con mayor actividad de manchas solares —como 2024 y 2025— son los mejores para ver auroras incluso en lugares inusuales.
De hecho, en 2023 se vieron hasta en Arizona e Inglaterra, una rareza absoluta.
Las tormentas solares que producen auroras también pueden afectar redes eléctricas y sistemas GPS.
Aun así, ninguna ha igualado la fuerza del evento de 1859, conocido como el Evento Carrington, cuando las luces danzaron desde Cuba hasta Chile y atemorizaron a quienes nunca habían visto algo así.
Ver una aurora es contemplar la energía del Sol chocando con la magia de nuestra atmósfera.
Y con el máximo solar en pleno apogeo, tendremos más oportunidades que nunca para maravillarnos con ellas.
Con información de National Geographic.
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