Ambiente

Amazonía en riesgo: cómo el extractivismo y las mascotas pueden detonar nuevas enfermedades

La Amazonía no solo es uno de los ecosistemas más ricos del planeta, también es una pieza clave para la salud global.

Sin embargo, hoy enfrenta una amenaza silenciosa: la combinación del extractivismo y el contacto cada vez más cercano entre humanos, animales domésticos y fauna silvestre.

Para entenderlo mejor, hay que hablar de los llamados servicios ecosistémicos, es decir, los beneficios que la naturaleza nos brinda.

Algunos son evidentes, como los recursos naturales, pero otros pasan desapercibidos, como la regulación de enfermedades o la protección frente a patógenos.

Amazonía y el equilibrio que protege la salud

En ecosistemas bien conservados, la biodiversidad actúa como una barrera natural contra enfermedades.

Los depredadores eliminan a animales enfermos y la variedad de especies reduce la probabilidad de que los patógenos lleguen a los humanos.

Esto es clave si consideramos que alrededor del 60% de las enfermedades actuales son zoonóticas, es decir, se transmiten entre animales y personas. Además, el 75% de las nuevas enfermedades también tienen este origen.

El problema comienza cuando ese equilibrio se rompe.

La construcción de carreteras para extraer recursos abre la puerta a nuevos asentamientos, animales domésticos y actividades humanas.

Esto incrementa el contacto entre especies y facilita la circulación de enfermedades en zonas que antes estaban aisladas.

Mascotas y enfermedades en expansión

Uno de los factores menos visibles, pero más relevantes, es el papel de las mascotas, especialmente los perros.

En muchas zonas de la Amazonía, los animales domésticos acompañan a sus dueños en actividades como la caza, lo que los pone en contacto directo con fauna silvestre. Después, regresan a casa y conviven con las personas.

Este intercambio los convierte en un “puente” de transmisión de enfermedades como la rabia, la leptospirosis o la toxoplasmosis. Incluso, insectos como mosquitos o garrapatas pueden transportar estos patógenos entre animales y humanos.

Además, la deforestación y la pérdida de depredadores favorecen la proliferación de especies y vectores que aumentan el riesgo sanitario.

Por eso, expertos insisten en un enfoque integral: proteger la Amazonía no solo es conservar biodiversidad, también es cuidar la salud de todo el planeta.

Con información de The Conversation.

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