imagen tomada de bbc.com
Un cambio silencioso, pero profundo, está ocurriendo bajo los pies de África Oriental. Un estudio científico reciente sugiere que la transición de un clima húmedo a uno cada vez más seco no solo ha transformado paisajes y ecosistemas, sino que también podría estar acelerando la fragmentación del continente africano.
La investigación muestra que la pérdida de grandes masas de agua, como antiguos lagos gigantes, ha reducido la presión sobre la corteza terrestre, permitiendo que las fallas tectónicas se muevan con mayor facilidad.
Durante miles de años, África Oriental vivió un periodo húmedo con enormes lagos, como el histórico Lago Turkana, que ejercían una fuerte presión sobre la corteza terrestre. Sin embargo, en los últimos 5,300 años, el clima se volvió mucho más seco y estos cuerpos de agua disminuyeron de forma drástica.
Según datos obtenidos de sedimentos antiguos y mediciones geológicas, esta reducción de agua permitió que las fallas tectónicas comenzaran a deslizarse con mayor libertad. El estudio, publicado en Scientific Reports y destacado por Live Science, señala que la velocidad de movimiento de algunas fallas aumentó aproximadamente 0.17 milímetros por año, un cambio mínimo a simple vista, pero significativo a escala geológica.
El llamado Rift Africano es un sistema de fallas que se extiende más de 6,500 kilómetros, desde el Cuerno de África hasta Mozambique, y representa un ejemplo activo de cómo un continente puede separarse con el tiempo. En zonas clave como la Afar Triple Junction, donde convergen y divergen tres placas tectónicas, la actividad ya sugiere un proceso que, en millones de años, podría dar origen a un nuevo océano.
Los modelos numéricos utilizados por los científicos muestran que la pérdida de agua genera dos efectos importantes: reduce la resistencia al movimiento de las fallas y aumenta la producción de magma al descomprimir el manto terrestre bajo regiones volcánicas. Esto podría intensificar tanto la fragmentación del rift como la actividad sísmica y volcánica local.
El estudio también advierte que los cambios climáticos actuales, incluidos el aumento de sequías extremas proyectadas hacia finales del siglo XXI, podrían reforzar estas dinámicas. La investigación redefine la forma en que se entiende la relación entre el clima y los procesos internos de la Tierra.
Más allá del impacto en el agua o la agricultura, fenómenos como la sequía prolongada pueden influir en la estructura de la litosfera durante miles o incluso millones de años. Los científicos planean ampliar el análisis a otras cuencas de África Oriental, como el Lago Malawi, para entender mejor cómo los ciclos climáticos han moldeado la evolución de los continentes a lo largo del tiempo.
Con información de Meteored.
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