Cada 29 de septiembre, México conmemora el Día Nacional del Maíz, una fecha que reconoce el valor cultural, alimentario y agrícola de este cultivo. Sin embargo, el maíz mexicano enfrenta el desafío de conservar su diversidad mientras el país mantiene una creciente dependencia de las importaciones.
México posee 59 razas de maíces nativos y 18 están presentes en el Estado de México. Entre ellas destacan cacahuacintle, cónico, palomero toluqueño, pepitilla, tuxpeño y chalqueño blanco.
La preservación depende, en buena medida, de agricultores que continúan seleccionando y sembrando semillas heredadas durante generaciones. Con ello mantienen variedades adaptadas a diferentes territorios y conocimientos agrícolas asociados con las comunidades rurales.
Maíz mexicano mantiene viva su diversidad
Municipios como Jocotitlán, Jiquipilco, Villa Victoria, Temoaya, Toluca, Ixtlahuaca, Tenango del Valle y Amecameca conservan cultivos criollos.
Para los productores, mantener semillas propias también fortalece la autonomía alimentaria. Además, permite conservar variedades que forman parte de la alimentación y de las prácticas agrícolas tradicionales.
Ante este escenario, el Instituto de Investigación y Capacitación Agropecuaria, Acuícola y Forestal del Estado de México (Icamex) comenzó en septiembre de 2024 una estrategia para recolectar muestras. De acuerdo con los datos proporcionados, durante los últimos tres años ha reunido más de mil ejemplares.
Semillas protegidas para regresar a las parcelas
Las muestras permanecen bajo condiciones controladas en el Banco de Germoplasma del Icamex, ubicado en Metepec. Asimismo, el instituto estudia los suelos para identificar las zonas donde determinadas variedades se cultivaban tradicionalmente.
La estrategia no busca únicamente almacenar semillas. La Secretaría del Campo también entregó 104 ejemplares autóctonos a 44 productores para favorecer su regreso a las parcelas.
Además, desde 2022 la Ley de Fomento y Protección del Maíz Nativo del Estado de México respalda su conservación. La legislación lo reconoce como Patrimonio Biocultural y Alimentario estatal y promueve su producción, comercialización y consumo local.
Así, conservar estas semillas significa proteger biodiversidad agrícola, conocimientos tradicionales y una parte fundamental de la alimentación mexicana.