El aire acondicionado y cambio climático están cada vez más conectados, aunque a simple vista parezca lo contrario.
En un mundo donde las olas de calor son más intensas y frecuentes, estos sistemas se han convertido en un salvavidas cotidiano.
Sin embargo, un nuevo análisis científico advierte que la expansión del aire acondicionado podría contribuir al calentamiento global si no se transforma la forma en que producimos energía y diseñamos nuestras ciudades.
Un estudio publicado en Nature Communications y liderado por investigadores de la University of Birmingham señala que, si continúan las tendencias actuales, el uso global de sistemas de refrigeración podría más que duplicarse antes de 2050. En el escenario más extremo, las emisiones asociadas a estos equipos alcanzarían 8,5 gigatoneladas de CO₂ equivalente al año, superando las emisiones actuales de Estados Unidos.
La espiral del confort térmico y el consumo energético
El trabajo combina modelos climáticos y energéticos para proyectar futuros posibles.
Bajo escenarios intermedios, el consumo eléctrico destinado a refrigeración podría llegar a 4.493 teravatios hora en 2050.
Lo relevante no es solo la magnitud, sino su efecto acumulado: el uso creciente del aire acondicionado añadiría entre 0,03 °C y 0,07 °C de calentamiento global adicional a mediados de siglo.
Puede parecer poco, pero en un planeta que intenta no superar el límite de 1,5 °C, cada fracción de grado cuenta. Los investigadores comparan este impacto con las emisiones de entre 74 y 183 mil millones de vuelos transatlánticos, una imagen que ayuda a dimensionar el problema.
El crecimiento del aire acondicionado no responde solo al calor. También influye el aumento de ingresos en países en desarrollo, que permite a más hogares acceder a estos sistemas. Es decir, el progreso económico también impulsa nuevas emisiones.
Aire acondicionado y cambio climático: un dilema de desigualdad global
El estudio revela una fuerte brecha. Regiones como el sur de Asia o África, donde el calor extremo es más frecuente, tienen menor acceso a refrigeración.
En cambio, Europa y Norteamérica concentran una gran cantidad de equipos pese a tener menor necesidad térmica.
Si los países de menores ingresos alcanzaran niveles similares de acceso, el calentamiento adicional podría aumentar incluso en los escenarios climáticos más favorables. Este fenómeno plantea un dilema: limitar el acceso perpetúa desigualdades y riesgos sanitarios; ampliarlo sin cambios energéticos agrava el problema climático.
Tecnología, hábitos y energía limpia como salida
Los investigadores concluyen que la solución no es prescindir del aire acondicionado, sino transformarlo.
Entre las claves están acelerar la transición hacia energías limpias, fabricar equipos más eficientes y usar refrigerantes con menor impacto climático.
También el diseño urbano y arquitectónico juega un papel crucial: mejor aislamiento, ventilación natural y sombra pueden reducir la necesidad de enfriar espacios.
A esto se suman cambios cotidianos, como ajustar el termostato a temperaturas menos extremas o evitar el uso en horas pico.
El aire acondicionado, señalan los autores, no es el enemigo, sino el reflejo de un planeta que se recalienta. El desafío será lograr que el alivio del calor no termine alimentando el problema que intentamos combatir.
Con información de Muy Interesante.