La ameba “comecerebros” avanza: el cambio climático la acerca a nuevas regiones del mundo
La ameba “comecerebros” avanza: el cambio climático la acerca a nuevas regiones del mundo

La ameba “comecerebros” avanza: el cambio climático la acerca a nuevas regiones del mundo

Una amenaza microscópica comienza a llamar la atención de la comunidad científica a nivel global. Se trata de las amebas de vida libre, organismos capaces de vivir en el agua, el suelo y el aire sin necesidad de un huésped, pero que en ciertos casos pueden provocar infecciones humanas extremadamente graves.

Según explica la microbióloga Manal Mohammed, de la Universidad de Westminster, el cambio climático está impulsando la proliferación de estas amebas en regiones cada vez más frías, lo que las convierte en un nuevo desafío para la salud pública mundial.

Ameba comecerebros y su impacto en la salud

Entre los patógenos que más preocupan se encuentra Naegleria fowleri, conocida popularmente como la ameba comecerebros.

Este microorganismo puede ingresar al cuerpo humano a través de las fosas nasales cuando una persona se baña en ríos o lagos contaminados. Una vez dentro, se desplaza rápidamente hasta el cerebro, donde comienza a destruir el tejido cerebral.

La enfermedad que provoca tiene una tasa de mortalidad de entre el 95% y el 99%, lo que ha llevado a científicos a emitir una alerta global sobre su proliferación. Tradicionalmente, este patógeno se desarrollaba en aguas dulces templadas, con temperaturas de entre 30 y 40 grados Celsius, lo que limitaba su presencia a zonas cercanas al ecuador. Sin embargo, el calentamiento global está ampliando su hábitat a nuevas latitudes antes consideradas seguras.

Un riesgo invisible que protege a otros microbios

Además del daño directo que pueden causar, estas amebas representan un peligro adicional. Funcionan como un “caballo de Troya” biológico, ya que dentro de ellas pueden refugiarse otros microorganismos dañinos. Se ha comprobado que protegen bacterias como Legionella pneumophila y Mycobacterium tuberculosis frente a procesos de desinfección y condiciones ambientales adversas.

Gracias a esta simbiosis, virus y hongos (incluido el norovirus humano), pueden sobrevivir durante más tiempo en el suelo y el agua.

Su capacidad para transformarse en quistes resistentes dificulta su eliminación, incluso en redes de suministro tratadas con cloración estándar.

Prevención y salud pública

El avance del cambio climático está haciendo que la exposición a estos patógenos aumente, sobre todo en zonas recreativas donde no se realizan pruebas de detección rutinarias debido a su alto costo. Aun así, los especialistas aclaran que beber agua contaminada no provoca la infección, ya que el sistema digestivo inactiva la ameba.

El mayor riesgo ocurre cuando el agua entra por la nariz, por lo que los expertos recomiendan extremar precauciones al nadar en aguas dulces, especialmente en regiones que empiezan a registrar temperaturas más elevadas. La ciencia ya ha lanzado la advertencia: un organismo invisible podría convertirse en una amenaza cada vez más cercana.

Con información de National Geographic.

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